No puedes cambiar el comportamiento del mar. No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear. No es tarea fácil, aun cuando eres experto, puedes caer de nuevo.

Había demasiado oleaje: las primeras carencias afectivas, la herida del abandono que nunca cicatriza, el cromosoma alterado que afecta a su capacidad de lenguaje y por tanto de comunicación; ir tomando consciencia de que eres diferente a “la norma”, al grupo, y sufrir su rechazo. Su inseguridad y sus miedos, su caos emocional, y también su carácter. Sí, mucho oleaje. Pero al menos en aquel tiempo, empecé a ser consciente de las fuerzas que agitaban las olas.

Comenzamos a asistir a terapia familiar, y empecé a hacer fotos, sin más, de forma instintiva. Durante dos años solía hacer alguna foto en las visitas, en los trayectos y en las sesiones del grupo de madre y padres en el que participé; me brindaron su confianza para ello. En las fotos estaba todo, hablaban por mí, yo no aparecía en ninguna foto pero estaba en todas ellas. Para mí resultó ser una terapia más. Me brinda la oportunidad de abrirme al mundo y compartirlo con los demás.